miércoles 29 de febrero de 2012

¿En qué ha cambiado la escuela?

Se pregunta el articulista si realmente la escuela ha cambiado tanto como la espuma del día aparenta, si las conexiones y los artilugios electrónicos expanden la conciencia o bien son un rebuzno aparatoso. No está mal como pregunta.
¡Qué agobio llevo con los exámenes, de verdad! Parece que nunca se acaban, y eso que empecé la semana pasada. Salgo del examen de Física, me meto en el de Filosofía. Salgo del de Filosofía, entro en el de Mates. Como las mates tampoco parece que van muy bien, al final salgo de todos los exámenes con la misma pregunta: ¿qué demonios estoy haciendo?
Salgo de un examen y ya ni recuerdo el porqué del idealismo trascendental kantiano, o del eterno retorno, de los vectores, del tiro parabólico y de todas esas cosas de las que me evalúan. Os prometo que si me vuelven a evaluar en tres meses no tendría ni puñetera idea. Lo peor es cuando llega la nota. Después de haberte matado a estudiar como un idiota el cabrón de Perales me pone un 6. Por favor. Un 6, si ese examen era una obra maestra, el summum del control. Por favor…
¿De verdad una nota es lo que dice que yo sé de matemáticas o de filosofía? Voy a ir más lejos. ¿Por qué no se hacen exámenes en grupo? ¿Por qué nos evalúan a sabiendas de que se nos va a olvidar? ¿De qué me sirve esta materia para el futuro? A veces pienso que los profesores no leen mis trabajos. A Declan se le ocurrió escribir entre líneas “profesor joputa” a ver si se cosca, pero descarto la opción porque es una tontería y no me apetece que me expulsen.
Y las tutorías no ayudan
No es la primera vez que digo que los métodos de evaluación deberían ser distintos. Una nota es sólo un número impersonal que a partir del 5 indica que ya he superado los requisitos mínimos de esa asignatura. Pero no dice nada de si soy creativo, si tengo iniciativa, si me esfuerzo,  mi bagaje interior… Y las tutorías poco o nada ayudan. Escuché a un hombre una vez decir que se enseñan contenidos del siglo XIX, impartidos por profesores del XX para chavales del siglo XXI.

¿Por qué en 200 años de historia de educación universal no sería raro para un chico del pasado asistir a clase? Porque podremos haber introducido proyectores, ordenatas, pero ir a clase sigue siendo al fin y al cabo lo mismo. No ha cambiado un ápice desde que se generalizó. ¡Y esto no puede permanecer así! En 20 años se ha revolucionado la forma de comunicarse y en 200… ¡no se ha podido ni cambiar la forma de educar! Al menos tengo la libertad de sentirme libre de cómo enfrentarme a todo ello ;)

lunes 27 de febrero de 2012

Un colegio de pobres e inmigrantes llegó a ser el mejor

Artículo publicado en El Confidencial por S. McCoy:


“Paddington Academy era de todo menos un colegio. Apenas un 20% de sus alumnos aprobaban los exámenes de reválida de final de ciclo, que incluye materias como Matemáticas y Lengua Inglesa. Había peleas con arma blanca, drogas, las bandas merodeaban el centro, las clases consistían en copiar textos de un libro…”. De este modo arranca Bagehot el reportaje en en el que cuenta en The Economist su experiencia personal en el centro (The Economist, Lessons from a great school, 04-02-2012). “Seis años más tarde, el 69% de los estudiantes aprueban la reválida, por encima de la media nacional, y eso que más de la mitad de ellos carece de recursos para pagarse la comida y dos tercios no tienen el inglés como lengua vernácula (…) Acaba de ser distinguida como ‘destacada’ por la inspección educativa. El lugar impresiona, rezuma optimismo”.
 La clave se encuentra en la autogestión: la conversión desde un modelo estatal a otro individual en el que cada escuela tiene libertad para adaptar sus métodos y profesorado a las necesidades del alumnado, siendo esos dos -personal y procedimiento- los factores críticos en el éxito de Paddington. Así, se buscaron maestros vocacionales, sin horario ni calendario, capaces de adecuarse al difícil contexto familiar y social y de hacer visibles y cercanos a los chicos y chicas los conceptos más abstractos. Y se les dotó de autoridad, tanto disciplinaria –horario, uniformidad, lenguaje- como práctica, con el fin de orientar su labor a la realidad profesional que espera a los estudiantes. Del texto se intuye cómo la suma de las dos llevó a la sustitución de la imposición por la persuasión, del cumplimiento por el convencimiento. Chulo, ¿eh? Hablamos de profesores.
 Un efecto inmediato fue que cada alumno se sintió valorado, siendo ésta una bola que se retroalimenta. Su expectativa personal crece, el nivel de autoexigencia aumenta y, con ella, la de todo el grupo. Prueba de ello es que la asignatura preferida de los alumnos son ahora las matemáticas. ¡Y hasta han pedido que se les imparta astronomía! Se fomenta la competencia como parte esencial de sus vidas del mañana y se les educa en la responsabilidad, entendida en su doble vertiente tanto de tutela de otros alumnos y del material, como de las consecuencias derivadas de determinados actos. Por último, Paddington usa signos externos que permiten suplir con sentido de pertenencia y orgullo escolar el gregarismo callejero con el que los chavales son permanentemente tentados. Hablamos de alumnos.
 Es evidente que un éxito excepcional como éste tiene un efecto inmediato sobre las familias involucradas. El interés del colegio por su situación, en beneficio del estudiante, permite abrir un canal de comunicación que, en el desestructurado entorno en el que Paddington desarrolla su actividad, ayuda a los padres a tomar conciencia de la apuesta individual del colegio, les impele a recuperar el valor de la educación como oportunidad de mejora y provoca que aumenten las facilidades que dan al estudio y la exigencia. Del mismo modo, la mejora educativa de los niños debería tener un efecto inmediato sobre el conjunto de los miembros del hogar, al mudar su nivel de aspiraciones al alza y generar un compromiso social, inexistente previamente en muchos barrios marginales de la periferia. Se cierra así el círculo virtuoso. Hablamos de padres.

viernes 24 de febrero de 2012

En algún punto del mercado laboral o del sector educativo hay algún problema

Bill Gates:

"Ustedes [en España] tienen una tasa de paro peor que la de cualquier otro país y claramente esto es por algo. En algún punto del mercado laboral o del sector educativo hay algún problema. No soy un experto en España pero, en general, las mejores soluciones a largo plazo siempre acarrean dolor a corto plazo en términos de los mercados. ¿Cuál es la forma de hacerlo? No soy un tecnócrata que haya estudiado la situación de España, pero hay una oportunidad probablemente histórica de tomar decisiones difíciles para ganar algo de la fluidez que caracteriza los mercados laborales de Irlanda, Reino Unido o Estados Unidos.
¿Por qué no han bajado aquí los sueldos? Si tienes una fábrica que produce carbón y nadie lo compra está claro que el precio de tu carbón es demasiado alto y hay que bajarlo. Tienes toda esa mano de obra disponible, pero hay algo muy raro en que el precio no se ajuste para permitir a otros países instalarse aquí, porque está claro que estos trabajadores están dispuestos a trabajar. Ese nivel de desempleo nos indica que hay rigideces importantes operando en el mercado. Puedes mirar hacia las universidades y preguntarte si la formación es tan sólida como debería ser, pero no creo que esta sea la razón. Estoy de acuerdo en que este asunto es la prioridad número uno de España, incluso más que ese 1% de ayudas para los pobres".

jueves 23 de febrero de 2012

Un cachete o buen rollito

Escribía Arcadi Espada:


Hace 30 años Suecia decidió ilegalizar la zurra e instruyó a los padres para que se deshabituaran de la práctica. En pocos años la violencia adolescente aumentó de modo considerable. No atribuiré una relación de causa/efecto a las dos decisiones porque no me parece probada. Si las pongo juntas es porque hay quien atribuye a la zurra la fabricación de adolescentes vándalos, con pruebas que aún me parecen más inconsistentes.
Respecto a la conducta de los adolescentes lo más sensato y científico que he leído nunca son las tesis de la eminentísima Rich Harris que atribuye a los genes y al grupo de iguales (los amigos, para abreviar) la conducta y que relativiza la importancia de la educación. Aunque contraintuitivos, sus argumentos son sólidos y me hacen ser escéptico ante el valor educativo que tengan una zurra o una parábola socialdemócrata. Por tanto hay que matizar la utilidad de los cachetes que Giovanni Colasante le propinó a su hijo y que le han costado unas cuantas noches de calabozo sueco. No creo que la zurra ni su ausencia sirvan a la pedagogía. Pero eso no quiere decir que no sirvan al orden.
Parece que cuando una casa se llena de hijos cualquier actitud o gesto debe servir a su educación. Se produce así esa puerilización de la vida que consiste en que el sol paterno gire permanentemente en torno de la tierra infantil. La primera vez que llevé a mis dos gemelas al pediatra aquel hombre quiso instruirme: «Son dos personas y si una quiere comer a las 3 de la madrugada y otra a las 5 deberá respetarlo.» Lo miré fuertemente y le dije que la primera condición para que las gemelas comiesen es que sus padres sobrevivieran a la crianza. Y el rancho se sirvió siempre a una hora.
La pedagogía es un estupendo asunto, quién puede dudarlo. Pero a veces hay que tomar decisiones. Puede que antipedagógicas, pero imprescindibles para continuar con vida, y así poder seguir siendo pedagógicos. Entre ellas la de coger por los pedúnculos al niñito que se ha parado, exactamente, como un burro en medio de la calle y llevarlo por la fuerza, exactamente, al restaurante. Se trata, sin duda, de un momento desagradable. De una doble humillación de egos. Del hijo, reducido por la fuerza, y del padre, que ha tenido que acudir a la fuerza. Cualquier sociedad justa aplica la fuerza cuando se quiebra la ley. Una fuerza proporcionada. Pero justificada por algo que todo tipo de suecos se niegan a reconocer: no siempre un niño es inocente.

jueves 16 de febrero de 2012

Ahorrar

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            La actual obsesión por el ahorro llega hasta el disparate, se acortan las horas de calefacción, se pasa frío, algunos días -los lunes- mucho frío, peor casi que en los tiempos de Franco, cuando algunos de los que ahora somos profes éramos niños, se ahorra en papel, pidiendo, incluso, en algunos centros, que los chavales traigan el papel de los exámenes, cobrando las fotocopias tanto a los alumnos como a los profesores, haciendo que éstos paguen las excursiones extraescolares, apagando las luces de los pasillos, reduciendo la iluminación del aula a la mitad. Quizá había que reconducir las cosas, pero estamos perdiendo el sentido de la medida.

lunes 13 de febrero de 2012

De la dificultad de aprender, y enseñar, a ser libres

Escribe Fermín Herrero, profesor, poeta (Norte de Castilla, 28.01.2012):

"Llevo ya tantos años dando clase, presuntamente, que salvo naves en llamas más allá de Orión y rayos C brillando en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser, he visto de todo, cosas que no creeríais. En relación con el título, por caso, he tenido en mi mano, sin dar crédito, un informe pedagógico en el que la palabra docente se alternaba, casi barajaba, con discente, para evitar la repetición, ya que quedaba claro por el contexto que el autor/a del documento, como rimbombantemente se denominan tales escritos, las consideraba sinónimas. He visto desaparecer el término maestro –a mí me gusta aún más pronunciado a la antigua usanza, maistro-, devaluado en progresivas degradaciones, aunque bien es cierto que a la vez periclitaba también el concepto de discípulo, hasta caer en profesional de la enseñanza en el que nos encontramos, que ya es el colmo. Y se quedan tan oreados los que con orgullo así se autocalifican. He oído, naturalmente, cosas que no os podéis ni imaginar, y no sólo por parte del alumnado, que también, como apostillaría Ferlosio. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia o palabras en el aula, pero la corrupción del lenguaje, como tantos han advertido a lo largo de la historia, nos llevará a la ruina. Y si no, al tiempo".


viernes 10 de febrero de 2012

La enseñanza media en España empieza a destruirse con la ley Villar-Palasi de 1970

Gabriel Albiac, filósofo:

El Plan Bolonia no es más que la constatación de una realidad: la desaparición de la universidad. O para ser más exactos: la previa desaparición de las enseñanzas medias. Cuando se planifica Bolonia las leyes educativas que fueron la gloria del siglo XIX y principios del XX en Europa se han volatilizado. Lo que se hace con Bolonia es que, desaparecido el escalón intermedio entre la guardería y la universidad, lo que hay que hacer es descender toda la estructura universitaria a ese escalón y convertir la universidad en la suplencia de la enseñanza media desaparecida. En eso queda la universidad después de Bolonia. Naturalmente que Bolonia prevé los correctores. Y los correctores en cada país se creen centros de élite. Pero esos centros de élite los hay donde los hay. Yo estos años hablaba con mis amigos de la Escuela Normal Superior de París y les decía “¿Qué vais a hacer ahora?” Pero ellos seguían sin hacer ni puto caso. Los grandes centros seguirán funcionando y, al mismo tiempo, las universidades masivas se convertirán en centros de suplencia del bachillerato. El problema es que en España esos centros de élite no existen. Entonces todo el sistema desciende un peldaño y la gente sale de sus cuatro años de universidad como salían del bachiller.
 Claro que sí [existe un exceso de oferta privada religiosa en España]. También en la universidad y la educación pública. Es una de las taras del sistema de enseñanza español desde siempre. Si tomas el sistema francés desde 1905, donde tiene el control casi masivo de la enseñanza, donde ha podido construir una enseñanza no confesional y perfectamente funcional hasta el último tercio del siglo pasado. Pero aquí no ha habido nada eso. El Estado, desde la Transición para acá, ha tenido que seguir echando mano de lo que había, de los centros religiosos. Y esto me parece uno de los rasgos más arcaizantes del sistema español. Estoy absolutamente a favor de la coexistencia de la enseñanza pública y privada, pero a lo que no veo ni pies ni cabeza es a esa cosa intermedia, el concertado, en el que se mezcla financiación pública con paradigmas privados o religiosos. Yo he llevado a mis hijas a colegios privados consciente de la decadencia absoluta de la educación pública, precisamente.
 Habría que empezar rigurosamente desde cero. Si hablásemos con seriedad, habría que decir que la enseñanza media en España empieza a destruirse con la ley Villar-Palasi de 1970. Esto es rematado con la LOGSE. Se debe retornar a un bachillerato largo y serio. Vuelvo a lo anterior: no hay posibilidad de reforma de las universidades si no se restablece de nuevo el bachillerato.